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Ser mipyme es vencer el miedo y ayudar a otros


“Ser propietaria de una microempresa me ha enseñado que puedo dar empleo a otras personas. Es apoyar a otras mujeres para que puedan darle educación de calidad a sus hijos y logren superarse. Como mujer, liderar una microempresa me da un rol en la sociedad y la posibilidad de ayudar a otros”, así describe Marianela Salazar, propietaria de la microempresa Cocoo su sentir al liderar esta iniciativa que ya suma cuatro años en el mercado.


Esta empresaria forma parte de la comunidad de emprendedores de Celiem, gracias al acompañamiento empresarial recibido durante el programa: “A mamá le tengo fe”, de Fundación Monge.


En el marco del Día de la MIPYME, Salazar nos comentó que emprender da temor, pero hay que atreverse a vivir una experiencia única de superación y crecimiento.


Su espíritu emprendedor lo descubrió años atrás cuando inició vendiendo la repostería que preparaba sin imaginar que esa misma pasión por cocinar la llevaría a crear Cocoo, un concepto especializado en la elaboración natural de salsas, mermeladas, escabeches de cebolla, pastas de ajo y recientemente salsa tipo inglesa.


Ordenar la casa


Para esta empresaria, el ser beneficiara del programa “A mamá le tengo fe”, le permitió “ordenar la casa”, ya que tenía idea de algunos temas que había aprendido anteriormente, sin embargo, asegura que muchos emprendedores no se han capacitado y avanzan a punta de tropiezos, por lo cual, el proceso le sirvió para reestructurarse y abrirse un panorama.


“El acompañamiento fue una oportunidad divina. Por parte del equipo de Monge nos dieron el valor como mujer y a rescatarnos, mientras que CELIEM nos dio un proceso maravilloso de acompañamiento empresarial y capacitaciones muy importantes. Como emprendedores creemos que tenemos todo en orden, pero no. Las capacitaciones fueron excelentes y las he aprovechado al máximo.


Le digo a todos los emprendedores que déjense llevar cuando tengan la oportunidad de las capacitaciones porque son muy importantes. Como emprendedores, nos cuesta ordenar la casa, y aunque pensamos que tenemos todo bien siempre nos hace falta. Tras este proceso se me abrieron muchas oportunidades, me brindaron un panorama y me enseñaron a ver el proyecto como una empresa grande”, acotó la empresaria.


Sin miedo hacia las oportunidades


Tras este proceso, Salazar, quien en temporadas altas genera dos empleos, ha perdido el miedo y ha logrado aprovechar oportunidades mediante el aprovechamiento de más espacios de formación que puede permitirle exportar.


“Estoy en un proyecto internacional exportación con la Cámara de Comercio, y he perdido el miedo. También estoy próxima a comercializar los productos en los aeropuertos. Oportunidades tenemos muchas y con perseverancia podemos lograrlo, cada día se abren las puertas. Invito a otras pymes a que se atrevan, que perdamos el miedo. Súmense y capacítense. Ojalá todos tengan la oportunidad que tuve porque nos enseñan a ordenar el proyecto, a armar la empresa, pero especialmente a perder el miedo”, finalizó la emprendedora.

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